Voluntariado Colombia

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Otros rostros del conflicto

Enviada por: Camila Franco
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Hace ya más de una año me encontré con la mirada y la sonrisa de Virgelina: mujer - afrocolombiana - defensora de la vida y los derechos - desplazada - víctima - luchadora - ejemplo de vida.

Trabajé a su lado (como voluntaria) cerca de 6 meses, apoyando a Asomujer y Trabajo en su lucha por sacar adelante un proyecto dirigido a las mujeres y familias víctimas de conflicto que viven en Bogotá. Hicimos mucho, pero entre papeleos, formatos, formalidades y decisiones de encorbatados, hasta la fecha la organización lo sigue camellando.

Indudablemente, aprendí más de lo que enseñé y recibí mucho más de lo que dí. Aprendí sobre le realidad de millones de mujeres que viven invisibilizadas en una sociedad mecánica, ansiosa e individualista. Aprendí sobre la fuerza de millones de familias que se levantan día a día cargando un peso incalculable en sus almas y, aún así, lo hacen con una sonrisa. Aprendí sobre la generosidad de aquellos que lo han perdido todo y, aún así, están dispuestos a compartir con cualquiera lo poco que les llega. Aprendí del trabajo en equipo, de liderazgo, del arte de multiplicar panes y la magia de las palabras sinceras.

Esta no fue mi primera experiencia de voluntariado ni tampoco la última. Una vez que comienzas, entiendes que no hay mejor manera de conocer el mundo, conocerte a ti mismo y formar parte del tejido humano, que entregando tu esfuerzo y conocimientos a una causa que consideres justa y, aunque suene trillado, necesaria.

Creo que otros deberían ser voluntarios para encontrar una pasión más en la vida, para perderle el miedo al dinero, para dejar de pensar que solo lo que se paga pesos vale y para re-inventarse en este mundo de intercambios humanos y no comerciales.

Un proyecto de