Voluntariado Colombia

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La mística de la Sierra Nevada de Santa Marta

Enviada por: Cindy Lorena Rodríguez
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A 16 horas de Bogotá encontré el lugar más mágico de Colombia. La Sierra Nevada de Santa Marta es el territorio de más de 42 comunidades indígenas Wiwas, Arhuacas, Cancuamas y demás. Hace aproximadamente un año viaje por primera vez a Rongoy, una pequeña comunidad wiwa, habitada por aproximadamente 50 familias y con seres llenos de luz y ancestralidad.
Viaje allí por primera vez en Junio de 2013. Con un colectivo llamado Talanquera fui voluntaria durante una semana. Allí desarrollamos diferentes actividades que soportan y apoyan algunos retos que encuentra la comunidad, todas estas fueron encaminadas a la preservación de la cultura tradicional.
Para llegar a Rongoy, se necesita viajar hasta Valledupar, capital del vallenato. Luego en un carro particular será el encargado de llevarte hasta Atanquez, un pequeño pueblo, donde la mística de lo indígena se refleja en las personas, las casas y el acento. Luego, debes llegar a Cabrito, allí empieza la caminara de aproximadamente seis horas, en las cuales debes cruzar una montaña y pasar por diferentes ríos, lagunas, piedras y plantas.

Finalmente estas en Rongoy. El primer día nos quedamos en una "Kankura" (casa tradicional de barro y paja), recibimos limpieza espiritual por parte del mamo de la comunidad, esto nos permite entrar a la comunidad limpios de impurezas y con la mejor energía positiva.

En el segundo día, yo hice parte del grupo que apoyaría a los profesores de la comunidad. Llevamos libros para grados desde tercero hasta quinto, todos enfocados en educación tradicional. Así emprendí mi tarea, organice la pequeña y rustica biblioteca de la escuela, y capacite a los dos profesores de esta en cómo utilizar la biblioteca para el aprendizaje optimo de los niños. Cabe mencionar que, todas las labores que se llevaron a cabo por los voluntarios, fueron necesidades que la comunidad expresaron para recibir apoyo.
Los mayores recibieron 3 computadores donados por organizaciones internacionales, sin embargo, estos representaban un gran reto para los profesores. Ya que, aunque ahí estaban físicamente, no los sabían manejar. Yo capacité a los profesores en redacción de documentos, utilización de enciclopedias que ya estaban instaladas, pintura en programas como paint, y sobretodo hice un gran énfasis en la importancia del la tecnología para el hombre, pero así mismo, en sus riesgos y amenazas.
Luego de tres días de capacitación intensa, los profesores estaban muy contentos de mi trabajo: José Luis Chimoquero y Elías Gil, eran muy buenos docentes, enseñaban español a sus alumnos, ya que su lengua oficial es DUMANA, y resolví las dudas que tenían en materia de matemáticas, química y español.

Luego, el quipo de enfocó en el problema del reciclaje, observamos que el territorio de la comunidad estaba siendo afectado por los plásticos y papeles. Luego de consultarlo con la comunidad, emprendimos el trabajo de recolecta la mayor cantidad de plástico y basura para reutilizarla en ladrillos ecológicos y realizar la construcción de algunas sillas que se necesitaban. Así, todos los niños de la comunidad, mayores y mujeres recogieron costales de basura, en especial de botellas de platico y empaques de medicina. Les explicamos cuales eran las consecuencias de arrojar la basura al suelo y no reciclarla y les enseñamos cual podría ser su posible uso. Creamos escobas con botellas, sillas con ladrillos ecológicos y barro, costales como colchones y algunos artículos más.

Y por último, pero no menos importante, durante todo el voluntariado apoye la creación de una cartilla de lenguaje del español al DUMANE. Utilizamos los dibujos de los niños para lograr el significado de algunas palabras, como el cuerpo humano, las plantas, los colores, el territorio, la identidad, entre otros. Aquí en Bogotá, transcribí todas las palabras, logrando un diccionario de más de 1000 palabras. Nada mal para empezar.

Todo este voluntariado tuvo retribución de cada mundo, nosotros apoyamos aquellas necesidades que fueron identificadas por la comunidad, y ellos nos regalaron noches de danzas tradicionales, sonrisas, leyendas, historias, café, amor, sabiduría, y sobre todo, amor por mi país, por este territorio que es parte de nuestras raíces y nuestros frutos.

Me enamore de esta comunidad, tanto, que seguí apoyando el colectivo talanquera, me vincule como voluntaria y he viajado ya 4 veces, en las cuales he apoyado los diferentes procesos que llevamos con la comunidad. Ahora soy parte de esa familia wiwa, cada vez que puedo ir llevo conmigo más libros, alimentos, lana, agujas y demás cosas que pueden más que un regalo, para mí es un acto de agradecimiento por dejarme llegar allí y conocerlos, hacerme parte de su vida y su familia.

Desde Bogotá, estoy trabajando para apoyar los diferentes voluntariados, estoy a cargo de la logística de los grupos, hacer las reuniones, informarlos, y de darles tranquilidad para viajar allí. Constantemente invito a más personas a tomar esta experiencia, quiero que la gente también tenga otra visión del mundo, una visión mas amigable con el ambiente, más comprometida con lo ancestral, con la tierra y el mundo.

Esta experiencia me cambio la vida, soy otra persona desde que baje de esa montaña, aprendí innumerables cosas, cambie mi rutina, empecé a pensar en la importancia de reciclar, de ahorrar agua y de preservar la vida animal y vegetal. Soy otra, una persona más consciente de las consecuencias de llevar una vida alejada de la tierra, y cerca del consumo. Ahora tengo una familia que me llama al menos 1 vez al mes, preguntándome como estoy y pidiéndome que vuelva, al menos a visitarlos. Una familia de seres mágicos, con una cosmovisión de comunidad y dejando de lado la individualidad. Una familia de personitas que ahora son el motor de mi corazón, porque he enfocado mi carrera, mi vida y mi realidad a apoyarlos, para crecer juntos y aprender juntos.

Hoy soy voluntaria del colectivo talanquera, apoyo procesos de reivindicación de derechos indígenas, y nos expresamos de manera pacífica a coyunturas del país. Por ejemplo, con todo el tema de la semilla nativa, el colectivo organizo un truque de semillas nativas, en las cuales se hizo un circulo de palabra, se hablo del papel fundamental de nosotros, también, como semillas que somos, y de lo importante de la preservación de estas. Se discutió como se puede apoyar desde la casa este tipo de movimientos, consumiendo lo nacional y apoyando al campesino.

Realizamos voluntariados al menos 3 veces al año, los llevamos allí, al mágico Rongoy, y más de una persona, en su regreso, me ha agradecido por invitarlo allí, porque al igual que a mí, se le ha transformado la vida para bien, se ha hecho consciente de su papel en el mundo, y se ha integrado a la familia wiwa.

Finalmente, estamos abarcando proyectos más grandes, hablando con el cabildo wiwa, se ha hablado de la importancia de crear un proyecto de educación propia y de fortalecer la cultura. Hoy por hoy sigo trabajando como voluntaria, y sigo viajando para trabajar allá y aquí. Espero esta experiencia no solo les agrade, sino que también les haya animado para irse de voluntario a este lugar mágico.


Sonrisas para

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