Voluntariado Colombia

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Invito a que seamos voluntarios de corazón

Enviada por: Daniel Martínez
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Daniel Ignacio Martínez Gélvez
Premio Nacional de Voluntariado Juvenil 2014.
Categoría: Bienestar y Seguridad Pública
Edad: 16 años // Ciudad: Bogotá
Organización: Asociación Scouts de Colombia, Bogotá.

Mi nombre es Daniel Ignacio Martínez Gélvez, y desde los 14 años hago parte de la Asociación Scout de Colombia, donde empecé mi voluntariado con pequeñas acciones. Luego gracias al proyecto “100 años, 100 casas, 100 sueños”; me integré a la familia de la Fundación Catalina Muñoz, donde construimos casas de interés prioritario para familias en riesgo y vulnerabilidad en todo el país. Además, también desarrollamos diferentes actividades con las comunidades como mejoramiento y adecuación de vivienda, Eco techos y otros programas que incentivan a las comunidades para seguir mejorando y creciendo; y brindamos autonomía a las familias para que sean nodos de mejoramiento dentro de la cotidianidad de sus comunidades.

Nuestra labor en la Fundación Catalina Muñoz es la construcción de viviendas para reducir los índices de pobreza en el país, pero mas allá de la construcción estamos convencidos que el cambio radica es en el acompañamiento posterior a la construcción; viene cuando la comunidad siente el cambio de muchas familias y estas son las que logran cambiar su realidad en conjunto, por sus propios miedos y porque sienten que es totalmente necesario, brindamos nuestro pequeño ladrillo en la construcción de la vitalidad de la comunidad.

Esta no es mi única experiencia como voluntario, además hago parte del “Colectivo Talanquera”, en donde compartimos con comunidades indígenas en todo el país, les colaboramos en el comercio justo y en la recuperación de territorio. También les orientamos sobre el correcto tratamiento de basuras, porque no saben cómo manejar las basuras que generan, ya que no son ellos quienes la producen sino que es producto de la globalización quien los ha alcanzado. Colaboramos con la recuperación y valoración de su cultura y costumbres que están perdiendo y en la construcción de escuelas y viviendas para las comunidades. Todo esto se hace bajo parámetros de un intercambio pedagógico y cultural.

Personalmente estoy encargado de un proyecto de huertas urbanas, con el fin de generar soporte alimenticio en las familias. Este proyecto ayuda en la economía de los hogares, a concientizar sobre el cuidado del medio ambiente y a mejorar la calidad de los alimentos que se consumen, ya que las familias pueden estar seguras de que no está consumiendo comida contaminada con químicos o transgénicos. También con este proyecto, llamado Tropicultura estamos trabajando en la “Telaraña del túnel del tiempo” que es una herramienta pedagógica en construcción que brinda una visión holística de la historia universal, con el fin de que esto se pueda exponer a estudiantes y aprendan una rama tan importante como la historia y sucesos particulares de forma didáctica e innovadora.



Lo que mas me gusta de toda mi labor como voluntario es ver como las comunidades, con mis acciones por grandes o pequeñas que sean, poco a poco, pueden ir mejorando su situación actual. Ver cómo puedo aportar un granito de arena para la construcción de tejido social, y como con el ejemplo podemos construir una conciencia colectiva, que sea de ideas justas e incluyentes, que todos podamos tener en cuenta y aceptar lo que se ve en nuestras comunidad, lo que nos rodea, así poder aportar desde lo más mínimo para mejorarlo. Me gusta sentir, ver los abrazos y sonrisas sinceras de las familias, de los niños; me encanta ver como se unen los vecinos, familiares y amigos para ayudar en la construcción de un sueño, de la esperanza. Porque son esos detalles que ayudan a la construcción de mi personalidad y es todo esto lo que me motiva y me permite seguir construyendo mano a mano junto a comunidades enteras, familias e individuos el país y el mundo que tanto soñamos, deseamos y merecemos; mas justo e igualitario, un mundo mas humano.

Yo invito a los niños, jóvenes, adultos a que sean voluntarios de corazón, pueden empezar con cosas pequeñas como cuidar su entorno, corregir desde el hogar, para así tener la esperanza en que en algún momento todos podremos respirar, sentir y construir paz juntos, porque el cambio debe empezar por uno mismo, dando lo que deseo ver reflejado en mi vida y en la vida de las siguientes generaciones, dejando un mundo digno y en mejores condiciones de como lo encontramos. Por eso invito a todos los que sientan un llamado a ayudar -que espero sea un llamado de conciencia y de sentir una responsabilidad por lo que debemos ser capaces de mejorar en grupo como comunidad y como personas- a respetar al otro para así esperar el tan anhelado mundo en paz que deseamos y merecemos.

Un proyecto de