Voluntariado Colombia

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Después de ser voluntario, nunca vuelves a ser la misma persona

Enviada por: Hernan Correa
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Empiezo diciendo que no fue fácil estrellarse con la realidad, saber de un momento a otro que a pocos kilómetros de mi casa existían problemas de esta magnitud. Me dio escalofríos. Desde el primer momento supe que el compromiso era grande, no mentiré diciendo que nunca había visto ese nivel de pobreza, sin embargo nunca dimensioné la magnitud real del problema. Fue inevitable sentirme cómplice de esta situación.

En primera instancia me explicaron la estructura organizativa y los proyectos que llevaban a cabo la Fundación FEM ( Fundación por la Educación Multidimensional), quedé altamente impresionado por la forma como se entendía el problema desde la fundación y llego a mí un aire de esperanza. No es fácil pero tampoco imposible, pensé. Era evidente que la tarea requería de más ayuda por eso lo primero fue generar las condiciones para que más voluntarios se unieran a la misión, así que adecuamos la casa-estudio para ello. No fue fácil, pero lo hicimos y sin mediar palabra ya estábamos en Tierrabaja, un corregimiento al norte de la ciudad de Cartagena de Indias que cuenta con una mayoría de población Afro. Allí realizamos un Workshop de trabajo con personas de Arquitectos Sin Fronteras, una organización de Reino Unido, durante tres semanas de intensa actividad. Recogimos datos sobre la población, analizamos y planteamos soluciones para los problemas estructurales que allí había; fue nuestra gran misión. La lluvia, el sol, la humedad y hasta enfermedades tropicales como el chicunguña y el dengue, fueron obstáculos que día a día superamos con gran determinación.

Empujar las iniciativas y los liderazgos de las personas pertenecientes a las comunidades intervenidas, generar condiciones para que nuevas empresas surjan fue mi siguiente misión. Con decir que nunca había preparado una taza de café en mi vida y que en una semana ya habíamos vendido 600, y no es suficiente. No sé cómo explicarlo, simplemente llega mi mente una reflexión: todos tienen algo que enseñar y algo que aprender, y en este caso no sé quien ayuda a quién, porque es imposible no aprender nuevas cosas; pero sobre todo, es imposible no apreciar la ingenua sencillez con la que se vive cada día.

Nunca supe qué era una micro sociedad, hasta que llegue aquí, a vivir en el barrio Getsemaní del centro de Cartagena de Indias. Compartir con generaciones y generaciones de arraigadas tradiciones, no es una experiencia es más, es un sentimiento, que solo se puede sentir cuando se está adentro. Al principio te sientes ajeno a la situación, como quien mira a los leones desde la barrera tratando de entender los códigos, de no ser inoportuno, como si se tratara de una especie distinta; y en menos de lo que puedes percibir, ya eres parte del barrio. Él te absorbe, te hace parte de sí y más nunca vuelves a ser la misma persona.

Un proyecto de